Reflexión Destructiva
(Advertencia contenido filosófico propio. Esto es una simple reflexión personal.)
El hombre es un animal destructivo por naturaleza. Al menos eso es lo que pienso yo. Obviamente, toda la atrocidad que se pueda cometer en la humanidad nunca estará justificada de ningún modo, pero al menos podemos entender el porqué. Es parte de nosotros, somos creativos, pero también destructivos. Yo lo veo de esta manera simple: el propio concepto de la creación requiere de la existencia de la destrucción. Si somos capaces de crear, también lo seremos de destruir. La creación en sí misma se puede ver como una transición desde un estado “inconsistente” (por llamarlo de alguna manera) a otro estado en el que se le encuentra un valor (utilidad, belleza, o lo que sea...) a “algo” (cualquier cosa). Este punto de vista altamente simplificado también tiene el proceso inverso, revertir la creación al estado inicial. En mi opinión, el hombre generalmente experimente ambos procesos. No estoy diciendo que sea algo reversible de manera general, es decir, no porque hayas creado algo, tienes el derecho a destruir algo.
Cuando yo era pequeño mi juguete preferido era el TENTE, un juego de construcción tipo LEGO. Me encantaba hacer cualquier cosa: naves espaciales, barcos, aviones, coches, robots... pero también me encantaba destruirlo. Era el ciclo natural para mí: podía estar horas construyendo algo, resolviendo problemas “técnicos”, buscando la pieza perfecta para conseguir la funcionalidad requerida. Pero luego, planificaba también la destrucción del “invento”. No sólo quería comprobar cual robusto era, sino que al ver cómo se descomponía me hacía entender, supongo, que al final, las piezas volvían todas a la caja de mantecados (ya no había mantecados) quedando todo en el estado inicial. En mi caso, era necesario destruir algo para volver a crear otra cosa. Pero realmente, me hacía valorar más mi esfuerzo al ver que es más fácil destruir que crear. Esa era mi “justicia” particular, al final, por muy complejo que fuera el cacharro que había creado, era igual de fácil destruirlo que cualquier otro. Bueno, algunas veces intentaba hacerlos resistentes, pero siempre acababan destruidos.
Pero en la vida real hay algo más. Está claro que no podemos destruir a nuestro antojo, y a veces incluso no podemos ni siquiera crear lo que queramos. Es el efecto de la moralidad. Para mí no es más que un “invento” propio para preservarnos de nosotros mismos. Yo pienso que todo el mundo (o la mayoría de la gente sin problemas mentales serios) podría distinguir lo que está bien de lo que está mal, aunque ese “bien” y “mal” serían distintos en cada persona. Esa capacidad está en nosotros, pero digamos que puede estar “salvaje”. La sociedad nos domestica la moralidad, tiende a unificar nuestros valores para que el individuo global pueda subsistir sin que la destrucción de los demás nos afecte a nosotros. El tema de la sociedad es más amplio, ya lo trataré en otros días.
Como conclusión final: nuestra naturaleza es dual, pensadlo un momento. Aunque simplemente sea por contraposición de conceptos, blanco-negro, bueno-malo, crear-destruir... esa dualidad no nos la va a quitar nadie, es la culpable de las grandezas de la humanidad y también de las miserias más lamentables.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home